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26 de Octubre, 2009 · General

Fragmento de la película “ La Argentina latente” de Pino Solanas ARGENTINA: 4to PAÍS EN ENVIAR SERES VIVOS AL ESPACIO


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ARGENTINA Y LA CONQUISTA DEL ESPACIO

PorAlberto N. Manfredi (h)

En los años sesenta y setenta,Argentina desarrolló su propio programa espacial, iniciativa que la colocódespués de los EE.UU., Rusia, Francia, Canadá y Gran Bretaña, entre las seisúnicas naciones empeñadas en la exploración del cosmos. Eran tiempos deprogreso e investigación en los que científicos nacionales deban prueba almundo de su capacidad tecnológica

En 1956 técnicos del Instituto deExperimentaciones Espaciales dispararon desde la provincia de Buenos Aires un cohete Martín Fierro de fabricaciónnacional, que tras escasos segundos de vuelo, alcanzó los 1.700 metrosde altura. Se trataba de un pequeño cohete de combustible sólido, sin cargaútil, sumamente elemental, de solamente 20 centímetrosde largo por 2,5 de diámetro, que sirvió para demostrar a la opinión públicaargentina que un grupo de civiles nucleados en una institución científicaparticular, trabajaban activamente en un proyecto al que muy pocas naciones sehallaban abocadas: la conquista del espacio exterior.

Con anterioridad, entre 1947 y 1948, técnicos del Instituto de Investigaciones Científicas dela Fuerza Aérea Argentina encabezados por el ingeniero Ricardo Dyrgalla,desarrollaron un motor cohete de combustible líquido destinado a impulsarproyectiles científicos y militares.

El AN-1, tal el nombre del propulsor, tenía un empuje de 320 kg y un tiempo de combustión de 40segundos, su propelente era ácido nítrico y anilina y para su ensayo se construyó un Banco dePruebas desde el cual, se hicieron numerosas pruebas, todas ellas exitosas.

La gente del Ing. Dyrgalla trabajabatambién en la construcción de un cohete llamado Tábano con la idea de probar el propulsante, disparándolo desde unavión.

El 20 de octubre del 1949 el motorAN-1 fue probado exitosamente adosándosele una cámara de combustión con camisade refrigeración regenerativa, con la que se obtuvo un mayor rendimiento y unaactividad más prolongada.

Cuando el 4 de octubre de 1957 losrusos colocaron en órbita el primer satélite artificial construido por elhombre, el entusiasmo y el interés por la exploración del espacio alcanzaronproporciones inusitadas. Ese interéstambién sacudió a los científicos de nuestro país quienes, a partir de 1961,pusieron en marcha un exitoso programa que habría de colocar a nuestro paísentre las seis primeras naciones comprometidas en la carrera espacial, un hechotrascendente de nuestra historia que, sin embargo, muy pocos argentinosconocen.

Comienza la carreraespacial

El 28 de enero de 1960 el PoderEjecutivo Nacional creó por decreto la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), dependientede la Fuerza Aérea Argentina, designando presidente alingeniero Teófilo M. Tabanera que en mucho había tenido que ver con aquellainiciativa.

Oriundo de la provincia de Mendoza,Tabanera obtuvo su diploma de ingeniero en la Universidad Nacionalde La Plata,convirtiéndose, con el correr de los años, en importante empresario y uno delos hombres mejor informados de la época en materia de exploración espacial.
A principios de 1961, Tabanera organizó el Primer Simposio Interamericano deInvestigaciones Espaciales con sede en Buenos Aires, que despertó el interés decasi todas las naciones de Latinoamérica e incluso de los EE.UU., representadopor el vicepresidente de
la Academia Nacional de Ciencias de ese país yotras personalidades del quehacer aeroespacial internacional.

El 2 de febrero de 1961 científicosy personal técnico de la Fuerza Aérea Argentina dirigidos por el comodoroingeniero Aldo Zeoli, lanzaron desde la base militar Santo Tomás, en Pampa deAchala, provincia de Córdoba, el primer cohete APEX A1-02 Alfa Centauro, con la misión de efectuar estudios en laalta atmósfera. El vuelo se llevó a cabo de manera impecable, alcanzándose unéxito sin precedentes en la historia de América Latina.

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El cohete de una sola etapa, 2,70 metrosde largo, 9,4 centímetros de diámetro y 28 kilogramosde peso, trepó hasta una altura de 20 kilómetrosde distancia y recogió información de gran valor analizada desde tierra.

Presenciaron la experiencia ese día,un periodista del diario “Clarín”,oficiales de la FAA,el R.P. López y el presidente de DINFIA (Dirección Nacional de Fabricaciones eInvestigaciones Aeronáuticas) brigadiermayor Juan Carlos Pereyra, quien se apresuró notificar el éxito a su par, elbrigadier Ramón Amado Abrahin, secretario de Aeronáutica que, a su vez, se locomunicó de manera inmediata alpresidente de la Nación, Dr. Arturo Frondizi.

En lanzamientos posteriores, siemprecon cohetes Alfa Centauro, se pudo verificar el comportamiento del complejo, elseguimiento de sus cargas útiles y la información recogida durante laexperiencia. Según refiere Benjamín Meiojas, “Apartir de ese momento nada detendría a los estudiosos, técnicos, científicos yhombres del arma aérea, empeñados en hacer realidad algo que parecía imposible”(1).

Eléxito alcanzado impulsó a las autoridades nacionales a crear por decreto elCentro de Experimentación y Lanzamientos de Proyectiles Autopropulsados(CELPA), el 27 de junio de 1961.

El proyecto Beta delCentauro

A los Alfa Centauro seguirían los APEX-A1-S2-015 Beta Centauro de dosetapas y los Gamma Centauro, de máselevada performance, experiencias con lasque se llevarían a cabo mediciones con sistemas telemétricos a bordo, en elcaso de los Beta Centauro y pruebas de separación de las segundas etapas yrecuperación de cargas útiles por medio de paracaídas. Todas estas pruebasestarían a cargo del comodoro ingeniero Aldo Zeoli y contarían con la bendicióndel R.P. López, presente en numerosos lanzamientos.

Elprimer disparo de un Beta Centauro tuvo lugar el 30 de septiembre de 1961 a las 14.30 desde Pampa de Achala,primer centro espacial argentino hasta la designación de Chamical, provincia deLa Rioja,en 1962.

Se trataba de un proyectilde dos etapas mucho más sofisticado que el Alfa Centauro, cuyas dimensiones eran 3,81 metros de largo total por 79,5 centímetros de diámetro máximo y47,3 kilogramos de peso al momentodel lanzamiento. El largo de la primeraetapa era de 1,79 metros con un diámetro de 0,094 y una envergadura de 0,50.El peso de la carga útil apenas superaba los 3 Normal 0 21 MicrosoftInternetExplorer4

kg y el impulso específico delvector fue de 200 segundos, alcanzandouna altura máxima de 25 kilómetros.

El experimento se llevó a cabo sininconvenientes, cubriendo las expectativas de todo el equipo.

El 13 de octubre se produjo unsegundo lanzamiento seguido por un tercero el 10 de mayo de 1962, todos ellosexitosos, hecho que permitió al Instituto de Investigaciones Científicas de lasFuerzas Armadas encarar proyectos de mayor envergadura, tal el caso del Gamma Centauro con el que nuestro paísaccedería a un nuevo escalafón en materia de desarrollo espacial.

Las misiones GammaCentauro

A lo largo de todo el año, hasta el12 de febrero de 1962, las experiencias fueron totalmente exitosas y losavances considerables, con un total de 18 lanzamientos que permitieron alcanzarlos objetivos trazados.

El 19 de febrero de aquel último año,se efectuaron desde Pampa de Achala cinco nuevos lanzamientos en los que seutilizaron y probaron por primera vez motores Scar 2,65, recuperándose todaslas cápsulas con sus respectivas cargas útiles que permitieron la medición dela altitud a la que se producía la separación, la verificación del encendido dela carga fumígena de 16 gramos puesta en el interior del explosor,el control del funcionamiento del equipo telemétrico de a bordo y el desempeñode la carga fumígena de 30 gramos (2).

Losavatares de la política argentina no entorpecieron el desarrollo del proyectoespacial. El 28 de marzo de 1962 un golpe militar destituyó alDr. Frondizi para reemplazarlo por el presidente del Senado, Dr. José MaríaGuido, lo que no impidió que durante todo ese año se efectuaran nuevoslanzamientos que determinaron la alta tecnología que científicos civiles ymilitares (estos últimos pertenecientes a la Fuerza AéreaArgentina), desarrollaban conjuntamente.

El 10 de mayo de 1962 elrecientemente creado Centro Experimentación y Lanzamientos de ProyectilesAutopropulsados -CELPA (3) inició sus actividades en la base de Chamical,provincia de La Rioja,suerte de Cabo Cañaveral nacional desde donde se pondrían en marchaexperiencias que llamarían la atención de las principales potencias del mundo.

El 15 de noviembre se disparó a modode prueba el Gamma Centauro I, comoparte de un proyecto mayor, a efectos de comprobar una vez más elcomportamiento dinámico del proyectil. El cohete, con un total de 2,433 metrosde largo, 0,134 de diámetro y 27,25 kilogramosde peso despegó en horas de la mañana para trepar hasta una altura máxima de 59 kilómetros,transportando una carga útil de 5 kilogramosde peso a un impulso específico de 225 segundos para la primera etapa y 212para la segunda.

El peso del propulsante de la primeretapa fue de 11,05 kilogramos y el de la segunda de 3,68, siendoel tiempo de vuelo libre entre una y otra, de 18 segundos exactos.

Le siguieron, el 19 del mismo mescinco lanzamientos más de Alfa y Gamma Centauro,con los que se trabajó el perfeccionamiento de las operaciones de despegue decargas útiles y la medición de altitudes hasta 1964, año en que los científicosargentinos desarrollaron el Orión,vector de proporciones considerables, como veremos más adelante.

En el mes de agosto de 1963 el CELPAlanzó desde Chamical cuatro cohetes Gamma Centauro con finalidad de ensayos ypruebas, previo paso a proyectiles de mayores envergaduras, vuelos quefinalizaron exitosamente igual que el del 27 de julio de 1964 disparado desdePuente del Inca, provincia de Mendoza, transportandohasta los 35 kilómetros de altitud una carga útiltelemétrica destinada a medir la temperatura.

La experiencia Gamma Centaurocontinuó en 1965 con el lanzamiento conjunto de dos cohetes de esa familiadesde Chamical, el 6 de febrero de 1965 y otros dos desde la Base Matienzoen la Antártida, siendo la Argentinael tercer país, después de Rusia y los EE.UU, en efectuar experienciasespaciales desde el continente blanco. Los resultados del experimentoconsistente en el análisis del vuelo y elestudio de los Rayos X en la atmósfera, resultaron exitosos.

La experiencia volvió a repetirse dos días después,con el lanzamiento de un Gamma Centauro desde Chamical y otro desde la Base Matienzo (Antártida), completándose, de ese modo la serie

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de observaciones iniciadas el día 6que pusieron a la Argentina en un nuevo primer lugar a nivelinternacional con los primeros estudios científicos con cohetes enLatinoamérica.

La serie de estudios de Rayos X enla atmósfera continuaron en septiembre con el lanzamiento, desde Chamical, deotros dos Gamma Centauro previos alprimer Orión. Para entonces, nuestro país se hallaba enfrascado en el proyecto Centaure francés, lanzandovectores de alta envergadura desde la misma Base CELPA Chamical, según veremosmás adelante.

El cohete Orión

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El siguiente proyecto de loscientíficos argentinos fue el Orión, consistente en vectores de mucha mayorenvergadura, diseñados para efectuar estudios más elevados de la atmósferaterrestre y llevar a cabo experimentos biológicos de magnitud.

El primero de esta serie de cohetes,el Orión 1, con casi tres metros delongitud por 0,206 de diámetro, fue lanzado en el mes de octubre de 1965 con elobjeto de analizar su performance y evaluar los pormenores de su vuelo. El1 de julio de 1966 se disparó un segundo artefacto de iguales característicasque portaba en su ojiva instrumental de mayor sofisticación y el 13 de agostodel mismo año se lanzó el primer OriónII con una carga útil de 16 kilogramos, alcanzando sumáxima altitud a los 114 kilómetros de la superficie.Este segundo proyectil que medía 3,771 metrosde largo por 0,206 centímetros de diámetro alcanzó los 100 kilómetrosde altura, portando en su cabeza una carga útil de 25 kilos. Con ellos y conlos DIM, la Argentinaefectuó mediciones atmosféricas y de velocidad de los vientos hasta una altura de 8.000 metros, obteniendo resultados exitosos enun 99% de los casos.

Hasta fines de octubre de 1966 la Fuerza AéreaArgentina y el CELPA lanzaron desde Chamical un total de tres Orión II siguiéndole las experiencias conjuntas con lostécnicos de los EE.UU., disparando desde la misma base, el 3 de noviembre,cohetes Nike-Cajun 02 que treparon hasta los 130 km de altitud.

Desde 1963, el flamante InstitutoCivil de Tecnología Espacial (ICTE) puso en marcha el operativo Programa Felino con el objeto de cubrir lasnecesidades de aprendizaje, adiestramiento y formación de personal, así comochequear materiales y elementos para trabajos más ambiciosos. Este programallevó a cabo la friolera de 87 lanzamientos en un período de cinco años, de losque solo fracasaron 8, siendo de destacar cohetes como el Gato Negro A-1, el Tigre A-2, el Jaguar A-3, el Leopardo A-4 y elSonda Pantera A-5.

Lasmisiones lograron importantes avances en la detección y prevención del granizo,ayudando a prevenir un desastre nacional que al país le costaba millones depesos anuales en pérdidas.

 

Lanzamiento de losprimeros seres vivos (Experiencias biológicas)

Los científicos del ICTE llevaron a cabo las primeras experiencias biológicas argentinas, lanzando a bordo de un cohete dos pequeñas ratas de laboratorio,Alfa y Gamma, las que, después de alcanzar una altura de 8.000 metros,aterrizaron suavemente a bordo de su cápsula, sostenida por un pequeñoparacaídas, a solamente 100 metros del lugar de lanzamiento.

La Argentina no dejaba de crecer y desarrollarsu tecnología en materia espacial. Y ese crecimiento tomó mayores impulsos a partir de julio de 1966, con la política dedesarrollo tecnológico implementada por el gobierno del Tte. Gral. (RE) JuanCarlos Onganía.

Estudios astronómicos yde la alta atmósfera


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Durante todo aquel año se lanzarondesde Chamical cohetes Orión y Judi para estudios meteorológicos, alcanzando elproyecto su punto máximo cuando el 4, 7 y 9 de noviembre la Fuerza Aéreadisparó desde la base norteamericana de Wallops Island (Virginia), tres Oriónde fabricación nacional, con el propósito de que técnicos de ambos paísesestudiasen su performance. En laoportunidad, los norteamericanos llevaron a cabo la primer recuperación de unacarga útil en el aire, cuando un helicóptero de esa nacionalidad, capturó enpleno descenso, la carga útil de un Orión II argentino.

1966 finalizó exitosamente con la operación “Orión-Eclipse”, que serealizó de manera conjunta con Francia y los EE.UU. al dispararse desde unanueva base espacial improvisada en Tartagal, provincia de Salta, tres cohetesOrión II de combustible sólido (12 de noviembre) con el objeto de estudiar unfenómeno astronómico que comprometió a numerosas naciones del mundo. Ese díalos científicos lanzaron también dosTitus franceses y un Arcas norteamericano desde un descampado asolo 9 kilómetros de aquella localidad, donde la Argentinamontó una improvisada base portátil consistente en un furgón de recepción detelemetría, un grupo electrógeno, sistemas de radar y plataformas delanzamiento. Las cargas útiles de los vectores nacionales, conjuntamente conlos franceses y estadounidenses, obtuvieron resultados más que satisfactoriosque permitieron un estudio profundo y exhaustivo del gran eclipse que sumió enpenumbras a gran parte de América del Sur.

 

Nuevas experiencias

Siguieron al Orión, el Canpus I y el Canopus II, de 4,67 metrosde largo por 28 de diámetro con 280 kilogramosde peso total y 50 de carga útil cada uno; elRigel de 6,23 metros de largo por 21 cm. dediámetro, 330 kgs. de peso y una carga útil de 30 kgs., y el Castor, máximo logro dela ingeniería espacial argentina, de 8 metros de largo, por 68,55 centímetros de diámetro, 280 kgs. de peso total y una carga útil de 75 kgs., estosúltimos, de dos etapas cada uno. Se trata de vectores degran envergadura que hicieron de nuestra nación la sexta en desarrollo tecnológico y científico espacial del mundo y laprimera en Latinoamérica. Proyectos menores, aunque no menos importantesfueron los del GLAG I, el GLAG II y elDIM.

El año 1967 fue de gran actividadpara la Base Espacial de Chamical, con 19 lanzamientos,casi todos Judi y Orión. El último de ellos (14 de diciembre), un Orión II,llevó a cabo importantes análisis de los rayos cósmicos, demostrando lacapacidad argentina en materia de estudios profundos del espacio exterior.

Base espacial de MarChiquita

Ese año se efectuaron tambiénlanzamientos desde una nueva base ubicada en Mar Chiquita, provincia de BuenosAires, con varios lanzamientos simultáneos efectuados en el mes de septiembredentro del marco del proyecto denominado “CELPAAtlántico”, destinado a desarrollar y experimentar nuevos proyectilesautopropulsados y analizar su adaptabilidad en la zona próxima al océano, a finde establecer allí una base de estudios meteorológicos.

El 14 de septiembre de 1967 fuedisparado desde ese punto un cohete meteorológico norteamericano Arcas 29,336que a las 16.45 partió de su plataforma, a solo 100 metrosde la costa, para ascender a 1200 metros por segundo. Al mismo tiempo selanzó desde La Riojaun cohete Hasp, también norteamericano, que trepó exitosamente hasta los 70 km. de altura.

En las fronteras delespacio

Finalizando el año, la Argentinaprobó su primer proyecto suborbital de consideraciones, al lanzar desdeChamical, el 17 de diciembre de 1967, elpoderoso Rigel R-01 de dos etapas, queen el lapso de 9 minutos trepó hasta los 295 km. de altitud comprobándoseel exitoso comportamiento del instrumental de a bordo a pesar de los violentoscambios de temperatura y presión, de las vibraciones y la aceleración queexperimentó la nave durante el trayecto.

Las dimensiones de este nuevoproyectil nos dan una idea de la envergadura del experimento.

1968 no fue diferente,intensificándose los lanzamientos de cohetes Judi, Orión II y Arcasnorteamericanos.

Experiencias biológicas

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Argentina fue también pionera enmateria de experiencias biológicas.

El11 de abril de 1967, mientras los ingenieros argentinos trabajaban febrilmenteen el desarrollo de un combustible 100% nacional, se concibió el denominadoproyecto BIO, consistente en lanzar al espacio a bordo de cohetes telemetrados,pequeños animales de laboratorio a recuperar.

Para la denominada experiencia BIO Ise seleccionó una camada de ratones blancos de raza Wistar, para los cuales sediseñaron cápsulas especiales dotadas del instrumental necesario para suanálisis y control durante el trayecto. Los “astronautas” seleccionados fueronlos ratones Alejo, Aurelio y Anastasio, quienes constituyeron el primer grupo,seguidos por Braulio, Benito y Belisario, en el segundo y Celedonio, Cipriano yCoco en el tercero (4).

Tras una serie de pruebas y estudiosfisiológicos, el elegido para el primer vuelo fue Belisario, colocado ysujetado dentro de la cápsula, ubicada en la ojiva especialmente adaptada de unOrión II, disparado exitosamentedesde la Escuelade Tropas Aerotransportadas de Córdoba, el 11de abril de 1967. La ojiva, de 0,278 mmde diámetro, superaba en 0,072 mm a las de experiencias anteriores.

El vector, se elevó sin problemas yal cabo de un minuto separó su carga útil que, tras desplegar sininconvenientes su paracaídas, comenzó a descender lentamente hasta tocartierra. Los científicos comprobaronaliviados que Belisario se hallaba en perfecto estado de salud aunque sumamentenervioso y que durante el vuelo había perdido 8 gramos de peso.

El 19 de mayo de 1967 la carreraespacial argentina se cobró su primera víctima fatal. Ese día, el ratónCeledonio se elevó desde Chamical, a bordo de un Orión II que durante eltrayecto funcionó correctamente, vaticinando un nuevo éxito tecnológico. Sinembargo, cuando la cápsula se separó, suparacaídas se enredó en el motor y al no poder desplegarse, provocó eldesastre, impactando violentamente contra la superficie y provocando la muerte de su tripulante de manera instantánea.

Dosaños después, el 30 de agosto de 1969, despegó, también desde Chamical, unnuevo Orión II llevando a bordo a la rata Dalila, del cuarto grupo de roedoresespaciales, que alcanzó los 20 km. de altitud a una velocidad de 2850 km/h. Dalila viajó sedada aunquedespierta, manteniendo su actividad y parámetros biológicos en perfecto estado,factor que permitió a los científicos del Instituto de Medicina Aeroespacial unminucioso análisis de su organismo en vuelo.

La cápsula que trajo a Dalila deregreso se posó suavemente en la copa de un árbol y fue rescatada 45 minutos después,a 17 kilómetros del punto de lanzamiento, por un equipo compuesto porun avión de detección y un helicóptero, ambos de la FAA, dosradares COTAL y un sistema de comunicaciones radioeléctricas de enlace (5).Esta misión, denominada Experiencia BioII/2, presentó como particularidad una ojiva de mayores dimensiones que lasanteriores (Experiencia Bio II/1) ya que su diámetro era de 0,320 mm.

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Operación Navidad

A comienzos de 1969 la Argentinacomenzó a desarrollar las misionesCanopus y Rigel con el lanzamiento al espacio de cohetes de mucha mayorenvergadura, de una y dos etapas.

La familia del Canopus I contaba convectores de 4 metrosde longitud por 0,278.5 de diámetro y motores mucho más sofisticados. A estosproyectiles le siguieron los Canopus II, con un largo de 4,724 metrosy a éstos una versión adaptada de 5,019.5 de longitud con una ojiva de 0,320,para experiencias biológicas.

Al igual que los Beta y GammaCentauro, los Rigel disponían de dos etapas aunque de mayores proporciones, lo que les permitió alcanzar altitudessuperiores a los 400 kilómetros(6).

Estas dos familias de cohetes fueronutilizadas para la realización de experiencias tecnológicas y biológicas demayor envergadura que colocaron anuestro país en un plano de desarrollo que solo ostentaban, hasta ese momento,EE.UU. Rusia y Francia.

El 23 de diciembre de 1969, en horasde la noche, la Fuerza Aérea Argentina junto a técnicos ycientíficos de la Universidad Nacional de Tucumán efectuaron ellanzamiento de un poderoso Rigel 04 de dos etapas, en el que viajaba un mono caí misionero cazado especialmente por la Gendarmería Nacional en plena selva. El simio, de dos años de edad, 1.400 gramosde peso y 30 centímetros de altura, recibió el nombre deJuan.

Aquel día, ante científicos,autoridades y periodistas nacionales, los técnicos y asistentes del proyectocolocaron a Juan en el interior de la cápsula“Amanecer” y a las 06.30 dela madrugada dispararon el proyectil hacia los cielos, trepando exitosamente hasta una altura de 60 km. en un vuelo de 8 minutos deduración. El animal viajó en un ambiente rico en oxígeno ybaja proporción de anhídrido carbónico y humedad; se controló su sistema respiratorio, se le efectuaronelectrocardiogramas y se mantuvo la temperatura de su cuerpo en equilibrio,todo ello además de diversos controles hechos al vector mediante instrumentaltelemétrico de larga distancia. La cápsula y su tripulante fueronrecuperadas sin problemas por un helicóptero de la Fuerza Aéreademostrando una vez más que la Argentina seguía dando pasos de gigante en elcampo de la exploración espacial.

Debido al éxito alcanzado con la Operación Navidad,los científicos del Instituto Civil de Tecnología Espacial decidieron efectuaruna segunda misión dentro del denominado OperativoAntropos, lanzando el 1 de febrero de 1970, desde Coronel Brandsen (PBA),un cohete Pantera X-1, a bordo del cual, fue instalada unamonita hembra caí, a la que habían estado adaptando en días anteriores, apruebas de fuerza centrífuga.

El vuelo se llevó a cabo sinproblemas en lo referente al funcionamiento del vehículo y sus mecanismos detransmisión, pero al desacoplar la cápsula, el paracaídas no se abrió y la misma se precipitó a tierra,pereciendo su tripulante de manera instantánea.


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Pese al parcial fracaso, la Argentinasiguió experimentando sus cohetes científicos de manera exitosa por más de unadécada.

Del mismo modo que en 1968, en 1969se concretaron numerosos lanzamientos de cohetes Orión, Canopus, Rigel,Centaure franceses y hasta un Nike Apache norteamericano, todos desde Chamicaly con resultados satisfactorios.

 

Experiencias antárticas

Nuestro país fue la tercera nación, después de Rusia y EE.UU, enefectuar lanzamientos espaciales desde el continente antártico.

En septiembre de 1963 el Institutode Investigación Aeronáutica y Espacial (IIAE) de Córdoba proyectó lanzamientosdesde la Antártida, motivo por el cual se comenzó atrabajar activamente en el diseño de cohetes; montaje de laboratorios deelectrónica de radiaciones y túneles de viento que brindarían el soportetécnico necesario para su concreción.


Se contaba además con un equipoveterano en materia de planificación y realización de lanzamientos, tantonacionales como extranjeros, a través de la intensa actividad realizada enChamical, entre las que son dignas de mención las experiencias Ion-Aer y Nubede Sodio, algunas de las cuales se desarrollaron en colaboración con equiposfranceses y norteamericanos.

Elobjetivo de la misión consistía en medir la radiación cósmica, en formasimultánea desde la Base Matienzo (Antártida) y el Centro deExperimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados (CELPA) deChamical, provincia de La Rioja, distantes a 3.950 km. uno de otro.Las cargas útiles, es decir, el instrumental de a bordo, fueron desarrolladaspor el Laboratorio de Radiaciones y los cohetes por el Departamento de Diseño yProducción Espacial del IIAE.

El 5 de febrero de 1965 llegó a la Base Matienzo,sobre el Nunatak Foca del islote Larsen, un avión Douglas matrícula TA-05, transportando parte del instrumentalnecesario para el desarrollo de la experiencia y del personal calificado quehabría de llevarla a cabo, encabezado por el vicecomodoro ingeniero Miguel Sánchez Peña. El resto ya habíasido trasladado desde el mes de septiembre del año anterior en un C-47especialmente preparado para vuelos de apoyo sin escala desde Río Gallegos. El experimento consistía en un lanzamientoconjunto de cohetes y globos sonda con el objeto de estudiar las condiciones deradiación Roentgen y meteorológicas en la alta atmósfera.

El 6 de febrero de 1965 se lanzódesde Matienzo el primero de los tres GammaCentauro transportando en su carga útil un delicado cristal plásticomontado sobre un fototubo, que debíaconvertir la energía electromagnética de los rayos de la alta atmósfera enenergía lumínica (transformable en energía eléctrica) a efectos de dar mayorimpulso a sus propulsantes. Ese efecto se analizaría desde tierra con untransmisor telemétrico, almacenándose en grabadores fotomagnéticos. El 7 sedisparó el segundo vector y el día ocho el último, seguidos por un globo sondacon el mismo instrumental cada uno mientras la base espacial de Chamical hacíalo propio disparando en simultáneo otros dos Gamma Centauro. La operación fue coronada por el éxito (7).

 

Alcanzando el espacioexterior



Normal 0 21 MicrosoftInternetExplorer4 Lacoronación de la carrera espacial argentina llegó con el desarrollo delpoderoso cohete Castor con el que los ingenieros argentinos alcanzaron lasfronteras mismas del espacio exterior, a cuyo límite habían llegado,oportunamente, con los Rigel.

ElCastor pesaba 280 kg, su carga útil 75 kg y su peso propulsante total 852 kg,distribuidos en 680 los de su primera etapa y 172 los de la segunda. Lasdimensiones de la nave eran de una longitud total de 8,40 m, de los que3,36 pertenecían a la primera etapa con un diámetro de 69 cm, siendo suimpulso específico de 220 seg. Lo que comúnmente se dice, un cohete deenvergadura.

La primera etapa del complejo estabacompuesta por cuatro poderosos cohetes Canopus y la segunda por otro similar,que en su ojiva portaba la carga útil.

El primer lanzamiento tuvo lugar el22 de diciembre de 1969 desde Chamical, dentro del denominado proyecto “Experiencia Navidad”, unashoras antes del viaje del mono Juan, oportunidad en la que solo se utilizó laprimera etapa, sin ponerse en marcha la segunda. Por ese motivo, el complejosolo alcanzó los 70 km. de altura pero con los resultadosesperados, dejando conformes a los técnicos del IIAE y de la Fuerza AéreaArgentina.

Un año después, el 16 de diciembre la Fuerza Aéreadisparó otro Castor X-2, en cuyaojiva llevaba instrumental fotográfico para tomas de gran altura, seguido esemismo día por dos Canopus dentro delo que se dio en llamar Operativo Ñahí.El vehículo trepó exitosamente hasta los500 km de altitud, un record histórico para América Latina, superando la queen años posteriores tendrían las estaciones orbitales soviéticas y la Estación Espacial Internacional, que gira en torno a la Tierra a 354 km de altura.Solo para darnos una idea de la magnitud de la misión, vaya como referencia quelos vuelos suborbitales de los dos primeros astronautas norteamericanos, AlanSheppard y Virgil I. Grissom, solo alcanzaron los 187 kilómetros,con una duración de 15 minutos cada uno.

Una experiencia similar tuvo lugarel 22 de diciembre de 1973, con otro cohete de idénticas característicaslanzado también desde Chamical, para el estudio de la alta atmósfera.

 

Nuevos lanzamientos desdela Antártida

En1975 se puso en marcha el Operativo Experiencia EGANIcon el lanzamiento de dos Castor desde la Base AntárticaMarambio, desplazándose al personal técnico, los cohetes, carga útil, rampa delanzamiento y demás equipos desde Córdoba y Buenos Aires, en un avión HérculesC-130 de la Fuerza Aérea Argentina. La rampa de lanzamiento fue similar a la utilizada por cohetes norteamericanosNike-Cajun en Chamical, adaptada en los talleres del IIAE de Córdoba. Aviones Twin Otter y una pista preparada pararecibir aeronaves tipo C-130 fueron acondicionados para el proyecto, montándoseun equipo de radares “Rawin set” para facilitar el seguimiento y lacomunicación con los cohetes y los puestos de observación en el continente, asícomo también con dos aviones de observación de la NASA quesobrevolarían el Atlántico a la altura de Nueva York.

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El principal objetivo de laexperiencia fue el estudio de los campos eléctricos y magnéticos en altura, lospuntos neutros, la temperatura y el perfil de electrones, para lo que fue empleadauna carga útil desarrollada por el IIAE en cooperación con el Instituto MaxPlanck- MPE de Garching, Alemania, consistente en una mezcla especial que incluyó una carga hueca capaz de formar unanube ionizada que produciría un chorro de electrones viajando como en un tubodesde la Antártida hasta el punto magnético fijado en el hemisferio Norte a la altura deNueva York. Los datos serían enviados por telemetría a laestación de recepción en tierra, en tanto la nube ionizada sería visualizada yregistrada por cámaras fotográficas desde puntos de observación en Tandil(Prov. de Buenos Aires) y desde el observatorio de El Leoncito en la provinciade San Juan. Los aviones de la NASA registrarían con cámaras de TV elpasaje de la nube que, como dato de interés, fue observada directamente por sutripulación cuando volaba próxima a la isla de Manhattan.

El 30 de septiembre de 1975 se lanzódesde Marambio el primero de los vectores, seguido por el segundo el 3 deoctubre del mismo año. El éxito fue rotundo y sirvió para que las potencias delmundo se interesasen en los proyectos realizados por nuestro país.

 

Experiencias conjuntas

La Argentina fue mucho más allá de lo esperadoal disparar otros dos Castor desde la base aeroespacial peruana de Punta Lobos,el 21 y 22 de marzo de 1979 respectivamente, efectuando ambas nacionesimportantes estudios de las nubes de iones.

 

Argentina frena su avanceen materia espacial

El desarrollo tecnológico ycientífico espacial argentino tuvo su apogeo entre los años 1966 y 1970, cuandose destinaron al mismo amplias partidas presupuestarias, demostrando elgobierno de turno especial interés por tales actividades. Las experienciassiguieron con notable impulso hasta 1973 y comenzaron a decaer lentamente hastaprincipios de los ochenta. El 10 dediciembre de 1981 despegó desde Chamical el último cohete científico defabricación nacional, el Tauro, misión que selló una etapa de dos décadasde desarrollo y éxito tecnológico sin precedentes en América del Sur. Estanueva serie de proyectiles dotados de sofisticados equipos de medición einstrumental fotográfico llevó a cabo con éxito, bajo la dirección del comodoroingeniero Ricardo Vicente Maggi,misiones de relevamiento de los recursos naturales muy provechosos para elestudio geográfico y económico del país. Los Tauro T-01 medían casi ocho metrosde longitud por 0,278.5 de diámetro y disponían de dos etapas, la primera de 2,487 metrosy la segunda de 5,179.8.

Los Tauro T-09, de las mismas características, sufrieron algunas modificacionesen su estructura que les permitieron mayor dinámica de vuelo. El proyectoalcanzó su auge en 1981 siempre bajo la dirección del Com. Ing. Maggi,continuando el camino emprendido por los ingenieros Tabanera y Zeoli.


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En esos años la Fuerza AéreaArgentina emprendió con especial dedicación el ambicioso proyecto de lospoderosos misiles Alacrán y Cóndor IIdesarrollados en la base aérea de Falda del Carmen hasta 1993, año en que el gobierno nacional decidió desactivarlo.

La Argentina había sido pionera latinoamericanaen materia de desarrollo espacial. Cuando Brasil, que hoy la ha superadoampliamente, lanzó desde Barreira do Inferno su primer cohete Sonda (16 dediciembre de 1965) hacía casi cinco años que el Alfa Centauro había surcadonuestros cielos; habían quedado atrás las experiencias Beta y Gamma Centauro yse iniciaba la puesta en marcha del proyecto Orión con el que se alcanzaron lasmismas fronteras del espacio exterior. Los restantes países de la regióncomenzarían sus carreras mucho tiempo después. El tímido intento chileno delcohete Rayo desarrollado a partir de 1985 “bajo gran secreto”, terminó en elmás estrepitoso fracaso, tal como lo señalaron en su momento importantes mediosde prensa de aquel país (9). Perú recién lanzaría el Paulet I su primer cohetecientífico, el 26 de diciembre de 2005 y México marchaba a la zaga, conlanzamientos esporádicos entre 1963 y 1979
Como dice el ingeniero Pablo de León,presidente de
la Asociación Argentina de Tecnología Espacial, hoycientífico de la NASA: “Lamentablementepor las deficientes políticas de los diversos gobiernos argentinos, suinoperancia, su falta de interés en el desarrollo nacional, su miopía y sufalta de visión, la Argentina perdió su capacidad aeronáutica yespacial tan duramente conseguida. El punto llegó a su nivel más bajo aprincipios de los ’90 cuando se canceló el Proyecto Cóndor, se desmantelaronlas instalaciones de Falda del Carmen, se cerró el IIAE, se cedió la Fabrica Militar de Aviones a una empresa extranjera, se disolvió la CNIE,etc.”

Una vez más, la Argentinahabía demostrado al mundo su capacidad científica y tecnológica. Sus propiosgobiernos, sobre todos los surgidos a partir de 1983, se encargaron de frenartan extraordinario impulso.

 

Ing. Teófilo M. Tabanera  

Nacido en Mendoza en 1912, TeófiloMelchor Tabanera fue, sin ninguna duda, uno de los principales impulsores deldesarrollo y la tecnología espacial argentina. Graduado de ingenieroelectromecánico en la Universidad Nacional de La Plata en 1936,efectuó viajes de estudio a los EE.UU. y Europa. Con anterioridad, se habíadesempeñado como dibujante en la empresa del ferrocarril y en YPF.

Tras desempeñarse eficazmente comoprofesional en YPF y Gas del Estado, trabajo en la construcción del oleoductoMendoza-San Lorenzo y el gasoducto La Plata- BuenosAires. Siendo gerente de la empresa Electrodinie, dirigió la construcción de laprimera línea de alta tensión entre Buenos Aires y Santa Fe.

Pero donde Tabanera habría dedestacar sería en el campo de la tecnología espacial. Siendo profesor titularde Física y Matemáticas de la Universidad de La Plata, dio formaa la Comisión Nacional del Espacio de la que fue su primerpresidente, suerte de antecesora de la Comisión Nacionalde Investigaciones Espaciales (CNIE) de la que también fue titular por espaciode una década.

En 1945 fue designado miembro de la Sociedad Británica Interplanetariay de la Sociedad Americana de Cohetes de los EE.UU. yposteriormente representó a nuestro país en el Congreso Mundial de Energíacelebrado en La Haya,Holanda, en 1947.


El afán de estudio y exploración delingeniero Tabanera lo llevó a fundar entre 1948 y 1949 la Asociación ArgentinaInterplanetaria, prestigiosa entidad científica que presidió hasta 1959 y quehabría de convertirse en la
Asociación
de Ciencias Espaciales de la Argentina. Desdeahí se dedicó con afán a impulsar el desarrollo de un programa espacial propio,hecho que le valió no solo el reconocimiento de otras naciones latinoamericanasque lo llamaron a integrar los directorios de sus nacientes instituciones sinode las principales potencias del mundo, conocedoras de su capacidad y talento.El mismo año en que fundó la Asociación ArgentinaInterplanetaria fue invitado al Primer Congreso Internacional de Astronáutica,organizado por la prestigiosa Universidad de La Sorbona,en París. Durante el mismo, quedó constituida la Federación Internacionalde Astronáutica (FAI) de la que Tabanera fue designado vicepresidente por cincoperíodos consecutivos.

En 1969 el ingeniero Tabaneraorganizó y fue anfitrión del congreso de la FAI en la ciudadde Mar del Plata, al que se dieron cita los más importantes científicos deOccidente, incluyendo los de EE.UU. y Francia.

Tabanera no solo se dedicó aorganizar y enseñar sino también a difundir. Además de dirigir por más de diezaños la única revista especializada en ciencia espacial y astronáutica deLatinoamérica, fue autor de varios libros especializados, destacando entreellos La exploración del Espacio,La Astronáutica, Qué es la Astronáutica, Satélites y Educación, El hombre ante el Espacio, Argentina ante el reto del tercer milenioy un apéndice en la obra Cohetes,proyectiles dirigidos y hombres en el Espacio de Willy Ley(Ediciones Pomaire). Fue autor de numerosos artículos publicados en revistasespecializadas (el primero de ellos en 1931, cuando tenía 19 años de edad) yconferencias dictadas en el país y en el exterior, una de las más importantesen la sesión de las Naciones Unidas en 1969 celebrada en Viena, donde habló dela educación a distancia a través de satélites para toda Latinoamérica.
Según refiere Juan Parczewski en su completo site, de donde hemos obtenidoalgunos de los datos aquí expuestos, en 1971 Tabanera propuso un estudiodetallado de cómo organizar mejor la educación en áreas remotas a través de latelevisión vía satélite. También asistió a todos los lanzamientos lunares delprograma Apolo y al primer lanzamiento, en 1981, del trasbordador espacial, apoco de producirse su fallecimiento.

“Teófilo Tabanera trajo la eraespacial a Argentina, y la puso en contacto con las personas y lasorganizaciones internacionales dedicadas a la promoción de la exploraciónespacial” (10).

En honor a la memoria de tandistinguido científico, le fue impuesto su nombre al Centro Espacial de la Comisión Nacionalde Actividades Espaciales (CNAE), situado a 30 kilómetrosde la ciudad de Córdoba.

Comodoro ingeniero AldoZeoli

El otro gran artífice de la carreraespacial argentina fue, sin ninguna duda, el comodoro ingeniero Aldo Zeoli,militar y profesional nacido en Rosario, provincia de Santa Fe, el 3 de juniode 1916.

Graduado en la Escuela Industrialde la Naciónen 1938, ingresó al año siguiente en la histórica Universidad Nacional deCórdoba, donde se recibió de ingeniero aeronáutico en 1943, especializado enproyectos y cálculos.

Dada su probada capacidad y mientrasse desempeñaba en el Instituto Aerotécnico, el brigadier mayor Juan I. SanMartín, ministro de Aeronáutica, lo invitó a incorporarse a la Fuerza AéreaArgentina con el grado de primer teniente, efectuando viajes de instrucción aInglaterra. A su regreso, tras varios destinos en diferentes puntos del país,fue ascendido a vicecomodoro, incorporándose a la Fábrica Militarde Aviones en 1960, cuando se lo designó jefe de Armamento y de VehículosEspaciales.

Desde ese puesto daría impulso alprograma espacial de la Fuerza Aérea con apoyo de personal del InstitutoAerotécnico con el que desarrollaría el cohete Alfa Centauro, verdadero logrode la tecnología nacional.

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Tras ser lanzado con éxito elprimero de aquella serie de cohetes, el ingeniero Zeóli viajó a los EE.UU. parafirmar convenios con las autoridades de la NASA, que acorto plazo habrían de redundar positivamente en el programa espacialargentino.

A partir de ese momento, elingeniero Zeóli se abocó de lleno al desarrollo del proyecto espacial dandoimpulso a las misiones Alfa, Beta y Gamma Centauro, Orión, Canopus, Rigel yCastor con los que nuestro país estuvo a la cabeza de la carrera espacial enAmérica Latina.

Designado presidente del InstitutoAeroespacial, brindó asesoramiento a la Fuerza AéreaArgentina en materia de combustible autopropulsante para cohetes, en un intentopor que nuestra nación lograse desarrollar un vehículo capaz de colocar unsatélite en órbita, cosa que muchos años después se conseguiría con el Proyecto“Cóndor”. Es de destacar el apoyo que siempre buscó en lasdistintas universidades del país y la labor intelectual que llevó a cabodictando conferencias.

Com. Ing. (R) RicardoVicente Maggi

Militar y técnico aeroespacialargentino, integrante de la Fuerza Aérea, graduado de ingeniero aeronáuticotuvo a su cargo el Proyecto Tauro entre los años setenta y ochenta, proyectilesdotados de instrumental fotográfico y equipos de medición con los que seefectuaron estudios y relevamientos de los recursos naturales de nuestro paíshasta 1981.

 


 

 

Notas

1.      Benjamín Meiojas, “Cohetes en la Argentina, parte II; Biblioteca de la Fuerza Aérea Argentina, 623.451-519 (82), p. 84

2.     Idem

3.      Creado por decreto del PoderEjecutivo Nacional el 27 de junio de 1961

4.     BenjamínMeiojas, Op. sit, parte I,629.19, p. 50 (82)

5.      Niotti, Hugo F. L. “Recordando la experiencia Bio I”,Revista “Aeroespacio” Nº 533;enero/febrero de 2000

6.     Lasmedidas del cohete Rigel eran: Longitud total: 6,237 metros; 1ª Etapa: 2,155 metros; 2ª Etapa: 4,082 metros. Diámetro 1ª Etapa: 0,278 metros; 2ª Etapa: 0,206 metros

7.     BenjamínMeiojas, op. cit. parte I, 629.19 (82). P.53

8.      Los dos primeros viajesnorteamericanos, el de los astronautas Alan Sheppard (5 de mayo de 1961) yVirgil “Gus” Grissom (21 de julio del mismo año) solo fueron vuelossuborbitales, es decir, simples saltos de 187 kms en los que apenas sealcanzaba el espacio exterior. Durante muchísimos años se creyó que el primerhombre en el espacio había sido el ruso Yuri Gagarin, que el 12 de abril de 1961 a bordo del Vostok 1 dio una vueltacompleta a la Tierra y regresó sano y salvo seguido el 6de agosto de 1961 por Germán Titov en el Vostok II, primer hombre en permanecermás de veinticuatro horas en el cosmos. Sin embargo, tras la caída del régimensoviético, se supo que cinco días antes Rusia había enviado a otro hombre alespacio, Sergei Vladimir Ilyushin, portador de un apellido emblemático enmateria de desarrollo aeronáutico por ser su padre el famoso diseñador deaviones. Ilyushin orbitó tres veces la Tierra pero una falla en el sistema de descensoa su regreso, hizo que su nave efectuase un aterrizaje de emergencia en China.De una cápsula prácticamente destrozada, las autoridades chinas extrajeron a uncosmonauta moribundo al que tuvieron un año internado en un hospital militarbajo estricto secreto de Estado. Los soviéticos lograron recuperar a su hombreal cabo de muchas negociaciones y mantuvieron en el más absoluto secreto elvuelo. Las torpes autoridades comunistas creyeron perjudiciales para suprestigio, las vicisitudes del vuelo.

9.      La Nación, Santiago de Chile, domingo 17 deagosto de 2003

10. Juan Parczewski,www.jpcoheteria.com.ar/web/Personalidades/Tabanera/tabanera.htm

 

 





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